Pedagogía debería ser sinómino de valentía. Por lo menos riman, lo que significa, según Saussure, que forman parte de una relación asociativa (en dos palabras: se asocian). Llevo un poco menos de dos meses inserta en la realidad, aunque estoy de observadora todavía, ya hice una clases -improvisada- el día que la profe no llegó y he dictado otras cuantas.
Es difícil, lejos lo más difícil que he hecho. Porque son 41, nunca van más de 33 y con suerte 15 anotan. ¿Y los otros 15? Están maquillándose, alisándose el pelo, mandándose cosas por Bluetooth (desde ringtones hasta respuestas de prueba), escuchando reggaeton (así como en las micros, pero en la sala), golpéandose, tirándose cosas, etc. Claro que yo me fui a meter a un colegio en pleno Peñalolén, en la mitad de La Faena y una de mis alumnas es vecina del Cisarro (el que usted conoce, el mismo de la tele). La verdad es que esto que digo es POCO con todo lo que he visto y escuchado estos dos meses, por eso digo: hay que ser valiente para ser profesor. Y hay que llevar una docena de lápices también.
Yo entré al Pedagógico llena de sueños hace casi 5 años y no me di cuenta de cómo pasó el tiempo hasta que tuve que ir al colegio. Hasta que me empezaron a decir "profesora". Lo más lindo de no darse cuenta del tiempo que pasa es que esos sueños siguen ahí, como si fuera el primer día, a las 8.15 de la mañana, con los rayos de sol, entrando con cara de susto, a lo nuevo. Ahora camino a las 8.00 de la mañana todos los viernes, por una población, en donde me cruzo con casas de cartoneros, de ferianos, con patrullas de carabineros, con casas muy humildes, pero sigo con esos mismos rayos de sol, con la cara de susto, a lo nuevo. Es lo mismo, sólo que diferente. Es lo mismo porque sigo pensando lo mismo que el primer día y es diferente porque ahora no sólo lo pienso, ahora lo aplico.
Cada vez que me voy al colegio voy muy feliz, sabiendo que será un día divertido, en el que las rabias que te hacen pasar los alumnos en cualquier minuto se hacen risas con sus chistes. Y cada vez que entro al Pedagógico me siento con un poco de pena, porque sé que voy en cuenta regresiva a pasos agigantados, que el momento llegó y que ya no soy solamente "la Cata", para muchos ahora soy "la profe", pero esa pena me da semi alegría (que también rima con pedagogía), porque se está cumpliendo mi sueño de cambiar el mundo. Y con esto no hablo de cambiar este planeta para que todos seamos felices cantando "Un mundo ideal", sino que cambiarle el mundo a alguien, decirle "tú puedes salir de esto". Por eso creo que me atreví a hacer práctica en donde estoy.
Así que eso, asumo con valentía y alegría mi desafío de ser profesora, con la misma valentía y alegría con la que decidí estudiar pedagogía en el pedagógico... ¡Nada más que decir!
Una canción chistosa que en primer año era furor entre nosotros, la impuse yo antes de que sonara en la radio (no es mi perfil de profe, no confundir jajaja)
Es difícil, lejos lo más difícil que he hecho. Porque son 41, nunca van más de 33 y con suerte 15 anotan. ¿Y los otros 15? Están maquillándose, alisándose el pelo, mandándose cosas por Bluetooth (desde ringtones hasta respuestas de prueba), escuchando reggaeton (así como en las micros, pero en la sala), golpéandose, tirándose cosas, etc. Claro que yo me fui a meter a un colegio en pleno Peñalolén, en la mitad de La Faena y una de mis alumnas es vecina del Cisarro (el que usted conoce, el mismo de la tele). La verdad es que esto que digo es POCO con todo lo que he visto y escuchado estos dos meses, por eso digo: hay que ser valiente para ser profesor. Y hay que llevar una docena de lápices también.
Yo entré al Pedagógico llena de sueños hace casi 5 años y no me di cuenta de cómo pasó el tiempo hasta que tuve que ir al colegio. Hasta que me empezaron a decir "profesora". Lo más lindo de no darse cuenta del tiempo que pasa es que esos sueños siguen ahí, como si fuera el primer día, a las 8.15 de la mañana, con los rayos de sol, entrando con cara de susto, a lo nuevo. Ahora camino a las 8.00 de la mañana todos los viernes, por una población, en donde me cruzo con casas de cartoneros, de ferianos, con patrullas de carabineros, con casas muy humildes, pero sigo con esos mismos rayos de sol, con la cara de susto, a lo nuevo. Es lo mismo, sólo que diferente. Es lo mismo porque sigo pensando lo mismo que el primer día y es diferente porque ahora no sólo lo pienso, ahora lo aplico.
Cada vez que me voy al colegio voy muy feliz, sabiendo que será un día divertido, en el que las rabias que te hacen pasar los alumnos en cualquier minuto se hacen risas con sus chistes. Y cada vez que entro al Pedagógico me siento con un poco de pena, porque sé que voy en cuenta regresiva a pasos agigantados, que el momento llegó y que ya no soy solamente "la Cata", para muchos ahora soy "la profe", pero esa pena me da semi alegría (que también rima con pedagogía), porque se está cumpliendo mi sueño de cambiar el mundo. Y con esto no hablo de cambiar este planeta para que todos seamos felices cantando "Un mundo ideal", sino que cambiarle el mundo a alguien, decirle "tú puedes salir de esto". Por eso creo que me atreví a hacer práctica en donde estoy.
Así que eso, asumo con valentía y alegría mi desafío de ser profesora, con la misma valentía y alegría con la que decidí estudiar pedagogía en el pedagógico... ¡Nada más que decir!
Una canción chistosa que en primer año era furor entre nosotros, la impuse yo antes de que sonara en la radio (no es mi perfil de profe, no confundir jajaja)


1 visitantes que dejaron su huella en la azotea:
que lindo lo que escribes,
me alegro mucho de que estes contenta con lo que haces
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